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La incongruencia desde Palacio…

ENTRE REINAS Y PODERES POR LAISHA WILKINS

Publicado el

Por: Laisha Wilkins

CIUDAD DE MÉXICO. - “El presidente de México debe actuar como hombre de Estado, como estadista, no debe comportarse como jefe de partido, de facción o de grupo. El presidente debe representar a todos los mexicanos. El presidente debe ser factor de concordia y de unidad nacional. El presidente no puede utilizar a las instituciones de manera facciosa, ni para ayudar a sus amigos, ni para destruir a sus adversarios”, fueron las palabras textuales de Andrés Manuel López Obrador en un discurso de 2005 en el marco del desafuero que se le intentó realizar.

En estas breves líneas podemos ver a un idealista, una persona que vendía una figura presidencial diferente a las que habíamos vivido como país, alguien que se comprometería con las instituciones y que infundiría unión a México, algo que poca gente ha logrado a lo largo de la historia.

Han pasado casi dos décadas de ese discurso y ahora, casi al finalizar su mandato, podemos ver qué tanto se cumplió de todos aquellos sueños, utopías y promesas que se hicieron, para llegar a donde llegó.

“Comportarse como hombre de Estado”, es la primera frase, ¿qué hemos visto?, Andrés Manuel ha generado más problemas internacionales que ningún otro presidente en los últimos tiempos, ha tenido conflictos con prácticamente todos los países latinoamericanos y más con aquellos que han virado políticamente al lado opuesto de lo que él cree es lo correcto.

“No debe comportarse como jefe de partido, de facción o de grupo”, vaya, este punto ha quedado más que sobrepasado por el comportamiento del presidente, desde el día 2 de su mandato, ya que en el 1 prometió gobernar para todos y atender a todos, sin embargo, prácticamente en cada una de sus mañaneras, hemos visto cómo los aplausos a sus obedientes bancadas, a los sumisos gobernadores que emanaron de su partido y a los poco operativos secretarios de estado, están a la orden del día, Andrés Manuel ha funcionado como un líder que busca abarcar todo, tomar todas las decisiones de gobierno y de su coalición política, a veces confundiendo una función con la otra, poniendo las campañas y el seguimiento a sus candidatos, por encima de problemas vitales del país, dedicando tiempo y recursos federales a su promoción.

La siguiente frase del discurso dice, “El presidente debe representar a todos los mexicanos y ser factor de concordia y unidad nacional”, a estas alturas esto parece broma, ¿cuántos no hemos sido atacados desde el púlpito mañanero?, los conservadores, la clase media, los expertos, los empresarios, feministas, ecologistas hasta ciudadanos como yo.

Se ha dividido a la ciudadanía en dos, entre los que creen todo lo que dice el presidente y los que osan dudar.

“El presidente no puede utilizar a las instituciones de manera facciosa, ni para ayudar a sus amigos, ni para destruir a sus adversarios”, una administración que ha creado casos para atacar a sus enemigos, vía la Fiscalía General de la República, que ha evadido aplicarle la Ley a personas como Ana Guevara o al director de Segalmex e ignorado por completo los reportes de corrupción de los integrantes de la familia presidencial. También se ha amenazado en utilizar la mayoría en el Congreso para intimidar a personajes incómodos, como la ministra presidenta Norma Piña, o mantener adversarios a raya, como a Ricardo Anaya o Cabeza de Vaca. Pero este discurso no es el único que ha marcado las incongruencias de la autollamada 4T, revisemos algunas otras...

Una de las banderas principales que vendió este gobierno fue el combate frontal a la corrupción, “Barrer las escaleras de arriba para abajo”, pero la impunidad en nuestro país roza el 100%, el 96.3% de los delitos que se cometen, quedan sin castigo. Tenemos casos emblemáticos como el anteriormente mencionado Segalmex, la caída de la Línea 12 o incluso el mediático caso Ayotzinapa.

El aeropuerto de Texcoco se canceló aduciendo que estaba plagado de corrupción, pero al mismo tiempo, a los mismos constructores se les dieron contratos en este sexenio, en especial en el AIFA y en el Tren Maya, ¿cómo puede combatirse la corrupción, si quien supuestamente la estaba fomentando acaba siendo premiado?

No solo eso, ya siendo presidente electo, López Obrador prometió no permitir, por ley, que las obras pasaran del costo proyectado, tomando como ejemplo el aumento en el gasto en el tren México-Toluca, pero, el AIFA, especialmente Dos Bocas y el Tren Maya, han hasta triplicado el monto que se había proyectado y no pasó absolutamente nada, incluso se ha aplaudido la gestión del Ejército y algunos secretarios.

Otra incongruencia que se volvió lema de campaña fue, la Austeridad Republicana; el licenciado Andrés Manuel, inició su mandato volando en aviones comerciales, porque utilizar el avión presidencial era un lujo que no se podía dar habiendo tantos pobres, pero desde finales de 2021, no vuela en otros aviones que no sean parte de la flotilla de transporte ejecutivo del Ejército, aviones de entre $20 y $30 millones de dólares, con todas las comodidades que una estrella de rock pudiera querer. Y nada que decir de vivir en un palacio virreinal con un costo de mantenimiento y servicios de $6 millones de pesos al mes; porque, Los Pinos, eran un exceso.

Respetar la democracia, las instituciones y a los poderes que conforman la Unión, fueron tres promesas de campaña y del día de la toma de posesión, el primero de diciembre de 2018, pero hemos visto que, en los hechos, esto deja mucho que desear. Por temporadas, dependiendo del contexto, han sido atacados desde INE, el instituto de la transparencia, los órganos reguladores hasta el Poder Judicial, a todo aquello que pueda poner un freno a los deseos o ideas del presidente, por más descabelladas que sean.

López Obrador, hoy, mete las manos sin empacho en las campañas, ataca a los candidatos opositores, utiliza su tribuna diaria como caja de resonancia y de posicionamiento sin decoro; Morena, abiertamente, usa a los Servidores de la Nación como fuerza movilizadora y recalca un día sí y el otro también, a los programas sociales como provenientes de la mano directa del presidente para fomentar su voto, y no como un gasto solidario de los contribuyentes.

AMLO fue tan demócrata como tuvo que ser para ganar, pero a partir de su victoria, se olvidó de las reglas y las leyes que el mismo impulsó. “No me vengan con que la ley es la ley” podría resumir su filosofía actual.

Lo que nos muestra la importancia de que, como votantes, debemos revisar quién cumple o no sus compromisos de gobierno y quién ofrece promesas no sustentables o insostenibles para dar nuestro voto en estas elecciones del 2024 que definirán el rumbo del País. Es nuestra responsabilidad.

Muchas gracias por acompañarme aquí en Entre reinas y poderes por Posta.mx

Ver nota:

Las insostenibles pensiones

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