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Amistades viejas

Hola, qué tal, yo soy Carolina Hernández y este es Sin Esdrújulas, tu micro mini podcast en el que escribo cosas que luego leo para ir superando mis pequeños duelos.

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Por: Carolina Hernández

SAN PEDRO GARZA GARCÍA, Nuevo León.- Hola, qué tal, yo soy Carolina Hernández y este es Sin Esdrújulas, tu micro mini podcast en el que escribo cosas que luego leo para ir superando mis pequeños duelos.

Y hoy quiero hablarles un duelo muy particular. El de perder amistades vieeeejas...

Cuando yo estaba en la prepa tenía un grupo de amigos, hombres todos, que prevaleció durante muchos años. Me encantaba decir que teníamos 30 años de conocernos…

Pero no todas las amistades son para siempre, algunas también caducan.

Porque resulta que ni yo soy la persona que era hace 30 años, ni ellos tampoco. Y eso está bien.

Las relaciones son etapas y, como etapas, son cambiantes.

Pero como que las personas estamos obsesionadas con hacer durar las cosas para siempre.

Por que así nos lo contaron las películas. Mira Friends, amigos de toda la vida.

Incluso seguro haz leído “un estudio de la Universidad de Cambridge” que dice que si una relación de amistad dura más de 7 años, durará para siempre.

Y ahí estamos forzándola durísimo.

Pero la realidad es que muchas amistades se van reemplazando. Y suena horrible, pero las responsabilidades cambian, las prioridades, las creencias, los intereses… y a veces, simplemente nuestros rumbos toman caminos completamente diferentes.

Lo curioso es que, en una relación de pareja, por lo menos una saludable, cuando los intereses cambian o la relación no parece ir a ningún lado, “terminamos”.

Es decir, ponemos un final.

Cuando a una amistad le pasa lo mismo es muy poco probable que exista ese cierre como tal.

No es muy común que entre amigos nos citemos en un café para decirnos no eres tú soy yo, es que quiero centrarme en mi carrera en este momento o vamos a darnos un tiempo.

Y es justamente eso lo que hace el duelo sea tan complejo.

Porque simplemente un día te das cuenta que ya no tienes nada en común con esa amistad de hace más de 30 años, pero lo más que puedes hacer es salirte del grupo de whatsapp argumentando que cambiaste de celular.

No vas a terapia de amigos.

No nos hemos acostumbrado a “cerrar el ciclo” de esa relación.

Por eso, dejar/perder una amistad es tan complejo.

Porque te das cuenta que la ruptura es irreversible, pero ese duelo no está tan reconocido, como el de cuando rompes con una pareja, aunque también existe y es quizá igual de doloroso.

Perdón por esto que sigue pero voy a citar a Nietzsche.

Es que en su libro Los amigos como fantasmas, el filósofo alemán dice que si nosotros cambiamos significativamente, aquellos amigos que no han cambiado se convierten en fantasmas de nuestro propio pasado.

“Su voz llega hasta nosotros con un sonido aterrador, espectral; como si nos oyésemos a nosotros mismos, pero más jóvenes, severos, inmaduros”.

Aferrarnos a una amistad vieeeeja, es aferrarnos un poco a ese yo que fuimos. A ese yo joven que jugaba basquetbol, que iba a toquines, que lloraba por amor.

Pero a veces, es necesario soltar.

Rosario Castellanos tiene un poema que se llama La Nostalgia y hay una frase que, entre más pasan los años, más sentido me hace: “El recuerdo embellece lo que toca”.

Y es que es cierto. A veces, nos aferramos a lo que fue, porque nos parece mucho más hermoso de lo que fue. Y sí fue hermoso, pero ya fue.

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